«He aquí una pequeña historia: a uno de mis amigos, que había realizado una excursión a la India, se le pidió que informara de sus viajes. Una dama ya mayor, muy crédula, estaba presente mientras hablaba de sus experiencias, y le preguntó: ‘¿Cuentan las almas en la India?’, Él respondió, ’Sí.’ ‘¿Cuántas hay?’, volvió a preguntar la dama. Él contestó, ‘Una solamente’».

Esta divertida historia que la Madre contó una vez a sus discípulos es adecuada para la apertura de nuestro libro. Incluso aunque el Alma pueda ser una en todas partes, lo es así de un modo especial en la India, que tiene una alta misión espiritual sobre la Tierra.

Y, ocurrió que fue elegida una pequeña ciudad del sureste de este bendito país para ser el lugar donde se emprendería un formidable experimento evolutivo que aspira a la más explícita Integridad o Unidad, no se debe, sin embargo, buscar la uniformidad, que aparece cuando se suprime la variedad, sino una consciencia infinitamente vasta y abarcadora que asuma en sí misma, asimile y fomente todas las manifestaciones de la multiplicidad, pero sin perderse en el proceso.

Sri Aurobindo, gran revolucionario de la India, poeta, pensador y yogui del siglo XX, llamó a esta nueva consciencia la consciencia supramental, y entregó su vida a su realización y manifestación. La Madre, Mirra Alfassa, fue su colaboradora espiritual. Ella se hizo cargo del Sri Aurobindo Ashram en 1926, y guió su crecimiento y desarrollo en todos sus detalles. Inició a los discípulos en la nueva consciencia que Sri Aurobindo hacía descender sobre la tierra, y fundó el International Centre of Education para que los niños pudieran aspirar, literalmente, el Yoga desde su etapa infantil y crecer, de forma lúdica por así decir, en la nueva vida. Fue ella quien fundó Auroville, la Ciudad de la Aurora, donde se intentó realizar por vez primera el alto ideal de Sri Aurobindo en el contexto más amplio de unas relaciones ciudadanas.

La Madre fue un fenómeno incomparable. Grandes yoguis se ponían de rodillas ante ella; los santos se sentaban a sus pies. Los políticos se volvían como niños en su presencia, o huían, si no eran capaces de resistir su Fuerza-Verdad. Para los niños ella era la Madre, para los sadhakas, también un gurú, y para los buscadores espirituales, un guía de sabiduría y visión excepcionales. Para las fuerzas hostiles ella era una guerrera inexorable; hoy sabemos, por algunos de sus escritos, a qué ataques y pruebas estuvo expuesta. Y sin embargo, rechazaba representar el papel de mártir. ‘Si eres capaz de sonreír a la vida en todo momento’, escribió una vez, ‘la vida te sonreirá también permanentemente’.

Sri Aurobindo abandonó su cuerpo hace más de sies décadas; y la Madre, más de cuatro. Y no obstante, sus presencias vivas están aquí e inspiran a muchos discípulos a continuar la labor iniciada por ellos. Cada visitante del Sri Aurobindo Ashram puede observar, en la conmemoración del nacimiento de la Madre, a miles de devotos pasando por su habitación, en una interminable fila desde muy temprano hasta el mediodía, haciendo prana delante de su cama. Para todos ellos, la Madre continúa estando allí, y se siente su ayuda, su guía y su protección.

Si podemos aportar muchos datos de la vida exterior de la Madre, ya que son de interés desde la perspectiva de nuestra inteligencia inquisitiva, ello no debe desviar nuestra mente del propósito verdadero de tales páginas: apuntar hacia la Madre del Universo, intemporal y siempre viva, hacia su Poder y Amor, que sentimos si nos volvemos hacia ella.

«No estoy dispuesta a ser el Gurú de nadie. Es más espontáneamente natural en mí ser la Madre universal y actuar en silencio a través del amor». Creemos que nada puede caracterizar mejor su ser que estas pocas palabras escritas de su pluma.